...tú no lo sabes, pero ahora es cuando te acercas a ella y le susurras al oido que tiene unos ojos preciosos. Tampoco sabes que hay que acariciarle el cabello y cantarle al oído lo mucho que la quieres. Chico estúpido que no la entendiste, ¿es que no la ves acurrucada entre las cobijas, intentando dormir porque tu recuerdo está apropiándose de ella? Alguien le dijo que nunca era tarde y ella como idiota se lo creyó. Escuchó que nada es imposible y empezó a alimentarse de las ilusiones. Ahora cada noche, esconde los trocitos de su corazón bajo la almohada con la esperanza de que un hada venga y se los lleve dejándote a ti a cambio. ¿No te ablanda ni un poquito su cara de desilusión cuando despierta y solo encuentra vacío? El problema es que no sabes que ahora tienes que abrazarla con fuerza para no dejarla caer. ¿No te han enseñado a querer? Tal vez la culpa es de ella por hacerlo demasiado. En este momento, contacta telepáticamente con su celular para que la llames. Ella sabe que no lo vas a hacer, pero no quiere darse cuenta. Prefiere vivir en su mundo de estupideces antes que admitir la derrota. Y apareces tú para decirle que no existe la derrota, ella sonríe y vuela tan alto que la pierdes de vista por unos instantes, inmediatamente la bajas diciendo que  no existe la derrota porque esta batalla la perdiste antes de empezarla. ¿Por qué esta tortura? Aprende a quererla o enséñala a no quererte. 
Pero no le prometas las estrellas que no bajarás porque se negará a dormir esperándolas.

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